La Resistencia
Perdón, Sábato, pero me robo el título...
La palabra humana es una de las formas de la resistencia frente a un mundo cada vez más deshumanizado. La IA regurgita un lenguaje chato, predigerido, licuado —papilla de palabras que otros alguna vez pensaron, soñaron, eligieron: volcaron con trabajo y amor en papel o pantalla.
La nuestra, en cambio, está siempre naciendo: tiene piel de bebé y hambre de pecho de hembra. Nuestra palabra humana no se agota en lo utilitario, no tiene vocación de mercancía.

En nuestro encuentro en Colonia de los Talleres de Escritura Vivencial (jueves 10-9), la palabra hizo cosas, ¡tantas cosas! Paladeamos palabras sabrosas, suculentas: pan, queso, vino; empanadas, burritos, delicias dulces, naranjas. Agua fresca.
Alguien cumplía una promesa y no bebió alcohol: se promete con palabras. Alguien tosía y se atoró: las palabras calladas se atragantan. Más tarde, su cuento de secretos y misterio disolvió el conjuro del silencio.
Alguien hizo un enorme esfuerzo por leer —sus ojos la traicionan y el sol la importunaba: las palabras igual refulgieron y nos iluminaron.

Alguien inauguró el momento de lectura al son del tamboril: las palabras resonaron como las emblemáticas “Llamadas” uruguayas y contagiaron ritmo y alegría.
Alguien exprimió las palabras y nos convidó pulpa, color, jugo. Y hasta flores de azahar. Habló de bodas: los votos son palabras (que, ay, a veces se rompen).
Alguien cantó palabras a Colonia: otros viajes, una rosa amarilla y un bolso marrón llenaron el espacio de poesía.
Alguien eligió no leer esta vez, pero activó nuestras papilas y todos nuestros sentidos con las más increíbles palabras-chocolate.

Alguien cerró ese “patio de lectura” con palabras de gratitud al grupo y a quien ahora escribe, mientras una vez más evoca el eco de sus palabras: humanidad, en estado de gracia.

Extrañamos, pero sentimos cerca a Liliana, Claudia N., Ramón, Bárbara, Gabriel, Claudia G… Los nombres son palabras que sellan nuestra identidad. Acaso, nuestro destino.
Por razones de salud, no pudo estar presente Ana Cristina Grosso, de la Secretaría de Cultura de la Intendencia. Ella también nos envió sus palabras de apoyo, acompañamiento, estímulo: <<Lamento que los astros no se hayan alineado esta vez (…) Quería entrevistarte, pero justo viajabas a Montevideo…>> Se entrevista con palabras. Hay palabras que abrazan. Y que abrasan: hasta el sol tuvo la palabra ese mediodía y esa tarde.
Así y todo, como el bebé y la teta, a veces las palabras piden cuerpo: por eso nos juntamos. El cuerpo también es resistencia.
Gracias por traerse hasta este rincón mágico del mundo: Eugenio, Eli, Noelie, Lali, Mariyú, Lita, Rocío, Vero.


Gracias, Hugo Melo, por el catering, y a Horacio, por la casa que nos albergó (y se llenó de palabras).
Gracias también a Dios. Como dice San Juan al comienzo de su Evangelio:
<<En el principio era el Verbo (la Palabra), y el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios…>> (Jn 1:1-14).
Sigamos honrando la palabra, la amistad y la VIDA.

Claudia Maiocchi - Coordinadora TEV
Colonia del Sacramento, septiembre de 2026




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