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La Mona Lisa de los puentes

  • Foto del escritor: Claudia Maiocchi
    Claudia Maiocchi
  • 8 ene
  • 3 Min. de lectura

Entrecruzando ensayo histórico, memorias personales y poesía, el texto mismo se convierte en un puente. Aunque, pensándolo bien, siempre sucede así, ¿no les parece?



En el año 1502 el sultán Bayasetto II quería unir Estambul con la Gálata. Encargó el proyecto nada menos que a Leonardo Da Vinci, la persona con más y mayores talentos de su época.


El científico y artista presentó los planos, una estructura totalmente nueva, desconocida por entonces. Los críticos le decían al sultán que era una locura, imposible de construirse. El sultán dudaba y rechazó el proyecto.

Leonardo se había adelantado unos quinientos años a la evolución humana, tiempo necesario para comprender al genio universal.


En efecto, cinco siglos después Noruega recuperó el proyecto de Leonardo y el arquitecto Velojorn Sand lo construyó cerca de Oslo:

—Simplemente tenía que construirse. Es la culminación del trabajo de un gran artista. Una mezcla de lo funcional con lo estético. Podría decirse que es el Puente de la Mona Lisa —declaró.


Algunos puentes necesitan madurar, comprenderse, sentirse necesarios y confiables para lograr elevarse y pasar por arriba de un obstáculo. Hace poco el presidente turco Erdogán decidió que van a construir otro como el que proyectó Leonardo, en el Cuerno de Oro. Unirá la ciudad transcontinental de Estambul, entre Asia y Europa.


*

Algunas leyendas europeas cuentan que al principio la Tierra no estaba separada y la gente iba y venía sin problemas. Pero con la llegada de la muerte, se dividió en dos.

Esta división causó mucho dolor y las tribus comenzaron a rogarle a Dios que volviese a unir al planeta. Dios se conmovió y por ello creó la idea del puente entre los dos mundos: la vida y la muerte. Entonces surgió la inspiración.


¿Nos unen los puentes? Puentes interculturales, acercamiento entre Oriente y Occidente, puentes entre naciones y culturas… Puentes, puentes... El medieval Ponte Vecchio, sobre el Arno, en Florencia, tan bella y única que nadie se atrevió a bombardearla durante la guerra.

El puente de las Cadenas, que une a Buda con Pest sobre el río Danubio, bombardeado, sí, por los nazis. Quedaron orillas separadas y escombros… Con el tiempo, se reconstruyeron el puente y toda la ciudad.


¡El puente de la Mujer!  No sólo une orillas, sino que también representa el abrazo que une a una pareja… El arquitecto se inspiró en el tango, y así, a partir de ese abrazo, creó el puente.


La Vía Appia


La Vía Appia se construyó en 312 AC, durante la república romana. El objetivo principal era mejorar el transporte militar y comercial entre Roma y sus territorios en expansión. Fue testigo de siglos de historia humana y una ruta que conectó civilizaciones. Está construida con piedras grandes unidas por cemento de cal y piedra volcánica; es algo irregular: hay que caminarla con zapatos cómodos o zapatillas.


Cuando logré hacerlo, sentí que en verdad une el presente con el pasado de la civilización. Se la conoce como “la reina de las rutas”, Regina Viarum Appia. También como “el puente más largo”.

Puentes, rutas. Construcciones opuestas a los muros…

                                                         *

Las mariposas vuelan en libertad, como las cartas vía aérea… ¡Qué tranquilidad producía recibir el sobre tan frágil, esperado con entereza y esperanza! Ver la letra escrita a mano, las estampillas…Tener noticias de allá, detrás de la Cortina de Hierro.


Los viernes mamá y sus amigas iban a la biblioteca del club húngaro, donde se reunían a tomar el té y además a dar paso a lo más importante:

—¿Quién recibió carta esta semana?

La afortunada la compartía en voz alta. Las noticias y los parientes de “allá” finalmente eran de todas. Pasado un tiempo, los amigos y parientes de Hungría empezaron a conocerse… e igual que ellas, se comentaban las novedades.


Así, a la distancia, crearon un puente de palabras, papel y tinta que los mantuvo unidos compartiendo la vida de otro modo.

Cuando al fin viajé a Hungría, me sentían pariente. Yo era un pedacito de los de acá, ¡por fin podían hablar también conmigo en vivo y directo sobre la vida! Me convertí en puente.

Más adelante vendrían varios de ellos a visitar a los parientes de estas latitudes. Puentes, puentes… como el de Leonardo.

Como el amor.


Estefanía Bárbara Barkats - Buenos Aires

 
 
 

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